Conciencia en saco roto

Babel
Conciencia en saco roto
Javier Hernández Alpízar
El saco embrujado: Un hombre encuentra su perdición cuando se hace cortar y fabricar un traje que le queda perfecto, de cuyo bolsillo, de manera misteriosa e inagotable, salen billetes por miles de liras. El cuento es de Dino Buzzati; la antología se llama El Escarabajo, en la colección La Rosa Náutica, del Instituto Veracruzano de la Cultura.
Un drama de la conciencia, porque el sujeto termina por reconocer que el dinero fácil que toma del saco proviene de las desgracias, crímenes y horrores del mundo. Su alma ya no tiene salvación.
Las lecturas son muchas, en los niveles que deseemos. Desde la conciencia cristiana, el viejo y aterrador mito de vender el alma al Diablo, hasta la lectura histórica: En el capitalismo, el dinero proviene de la muerte de los muchos, de la desgracia de pueblos enteros, para la acumulación y la vida lujosa de muy pocos.
La tradición tiene un filón popular. En los pueblos de México abundan las leyendas de sujetos que vendieron su alma a cambio de que el Diablo les permitiera desenterrar un tesoro. Todas las cuevas, montes, campos, están llenos de ánimas en pena que guardan, con celo de banquero, tesoros que serán la perdición de los ambiciosos.
Lo dolorosamente asombroso es que en un nivel realista, histórico y periodístico, es verídico. La conciencia, fantasma sin memoria ni escrúpulos, mete la mano en la bolsa del saco y cierra los ojos a las desgracias, crímenes y horrores del país, de donde el dinero salió. El alma colectiva de México ¿tiene aún salvación?
Esta sombría reflexión viene a colación después de leer, en Proceso, el reportaje de Marlén Castro y Rogelio Agustín, uno de los trabajos ganadores del Premio Internacional de Periodismo, convocado por Proceso con motivo de su 35 aniversario: “Carrizalillo, oro por cuentas de vidrio”.
El poblado guerrerense, cuya desgracia retratan, encontró, en el oro del cerro y en una compañía canadiense que lo extrae, su saco embrujado. A cambio ha tenido que vender su alma, su futuro, su ser. “A la comunidad guerrerense de El Carrizalillo le cayó la maldición del oro en la figura de la megaempresa Goldcorp, que practica un tipo de minería, la superficial, devastadora para el medio ambiente y para la salud. Desde 2007 renta miles de hectáreas a los carrizalillenses para explotar el yacimiento Los Filos- El Bermejal. Los comuneros saben que sus predios quedarán inservibles y proliferarán las enfermedades –la mayoría letales– entre su población, pero cierran los ojos y se conforman con la bicoca que cada año les entrega la trasnacional.”
El reportaje describe el modo en que el pueblo perdió su lugar en el mundo, a cambio de una renta un poco más alta. Ahora tiene enfermedades, camionetas de lujo, “altas” rentas para unos pocos, enfermedad, muerte, impotencia para los más y, finalmente, el desplazamiento, quienes ahorraron dinero se irán. La burbuja económica que pregonan los gobiernos y las empresas se redujo a la llegada de bares para que los mineros gasten ahí sus salarios y el poco tiempo de descanso que tienen.
“En Carrizalillo los ejidatarios no sólo le rentaron las tierras a Goldcorp. También la conciencia.
“Desde 2009, cuando negociaron con la trasnacional un convenio supuestamente ventajoso sobre la renta de sus tierras, lo único importante para ellos ha sido el precio internacional de la onza de oro. El resto, como los síntomas de las enfermedades relacionadas con las minas a cielo abierto, el impacto ambiental, la posibilidad de contaminación de los acuíferos o de un accidente con las toneladas de cianuro que se usan a diario, el riesgo de agotar las reservas de agua o las muertes de Sofía y de Fidencio –su medio hermano–, parece no importar.
“En Los Filos-El Bermejal, primer yacimiento de oro a cielo abierto en Guerrero, los efectos nocivos de la actividad de Goldcorp –desconocidos al principio– son voluntariamente ignorados por los principales afectados.”
No es sorpresa encontrarse con los graves daños al medio ambiente y a la salud, la muerte del personal, por el manejo de químicos altamente peligrosos como el cianuro, del cual unos gramos bastan para matar a una persona y la Semarnat exige un estudio de riesgo a quien use más de un kilo, y el cual las minas usan diariamente por toneladas.
Lo más asombroso es la resignación con que los “beneficiados” aceptan su suerte. Vendieron su país, su vida, su futuro, y están ya listos para irse cuando la pesadilla acabe. La indolencia de las autoridades de la Semarnat y de la Secretaría de Economía es total. Solamente contestan por teléfono. Su información son lugares comunes, ni siquiera tienen datos, información concreta sobre esa mina en específico. Se limitan a decir que nada es irregular.
La historia que los reporteros cuentan es la misma que se puede observar en todas las minas a cielo abierto del mundo, especialmente en México y América Latina, donde la impunidad ha bendecido a las empresas, la inmensa mayoría canadienses en el caso mexicano. TLC habemus.
“En términos ambientales y sociales ninguna actividad industrial es más devastadora que la minería superficial”, se lee en el documento Minería a cielo abierto y sus impactos ambientales, elaborado por la Asociación Interamericana de Defensa del Ambiente y consultado en internet.
“Una megamina –el caso de Los Filos– usa nueve toneladas de explosivos cada día. También utiliza a diario 10 toneladas de cianuro, sustancia de la que una porción del tamaño de un grano de arroz es suficiente para matar a una persona, de acuerdo con la ONG argentina Conciencia Solidaria, que se opone a este tipo de minería.
“Cuando una mina se agota y cesa sus operaciones deja ríos, arroyos y acuíferos contaminados con cianuro… y una población enferma de muerte. La capacidad productiva de las tierras tarda 100 años o más en recuperarse.
“Pero aquí las autoridades dicen que todo está bien, que Goldcorp es una empresa sustentable.”
La derrota de la población avasallada por la megaempresa, la complicidad criminal de todos los órdenes de gobierno, el cinismo de los extractores de oro, hacen en conjunto una historia sombría, amarga.
La comunidad vendió su conciencia a la empresa, y el precio fue su tierra, toda su vida: “Al caer la tarde, del patio de lixiviación se levanta una nube de polvo que los vientos arrastran precisamente a Carrizalillo, un par de kilómetros más adelante.
“El calor y el polvo hacen irrespirable la atmósfera para los visitantes, pero la población local parece no estar afectada, aunque ya se manifiestan los ojos enrojecidos, irritados, secos, primer síntoma visible de la contaminación que generan las minas a cielo abierto.
Y lo que la empresa gana está muy por encima de todo lo que ha pagado a los rentistas: “Migajas. No existe otra forma para definir lo que Goldcorp deja a cambio del oro, aunque los ejidatarios cobren por sus tierras con base en el precio del metal en la bolsa de valores de Estados Unidos. El precio de la onza de oro se ha duplicado –de 821 a mil 600 dólares– desde 2007 cuando la corporación empezó la extracción en Carrizalillo.”
La empresa gana más que todo el presupuesto del estado: “Guerrero ejercerá este año 43 mil millones de pesos de presupuesto. Las 300 mil onzas de oro que se han extraído anualmente ahí, convertidas a pesos mexicanos, dan alrededor de 48 mil millones de pesos, cinco mil más que el presupuesto estatal.”
Pero los autores no dejan al lector con la falsa idea de que nada puede hacerse, mencionan al final las resistencias latinoamericanas, y las de Guerrero: “En Guerrero, comunidades indígenas en la región de la Costa-Montaña, a donde quiere llegar también Barrick Gold, lanzaron el manifiesto A corazón abierto defendamos nuestra madre tierra contra la minería. (…)
“Entre 2005 y 2009 el gobierno federal ha otorgado en concesión 28 nuevos proyectos mineros en las regiones de Costa Chica y Montaña, donde la Unión de Pueblos y Organizaciones Sociales del Estado de Guerrero inició movilizaciones en defensa de la tierra. No quieren para ellos lo que pasa en Carrizalillo.” (Cf: http://www.expresionlibre.org/site2/opinion/castro_agustin_001.php )
Claro, el dinero es más solvente que cualquier pócima de cianuro, disuelve muchas voluntades. Pero el precio que pagan los pueblos es demasiado alto.
Y la avanzada de la minería a cielo abierto abarca ya la cuarta parte del territorio nacional.
Un reportaje de Erika Ramírez, en la revista Contralínea, abunda en esos datos: “Los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón han concesionado 51 millones 994 mil 312.7 hectáreas de territorio nacional a la industria minera. Se trata de más de una cuarta parte de la superficie de la nación. Trasnacionales canadienses son las principales beneficiarias.”
“El 25 de abril de 2010, Contralínea documentó que tan sólo en ese año se encontraban en México 187 compañías de origen canadiense en la búsqueda de oro y plata (este último metal precioso ha colocado al país en el segundo lugar de la producción mundial). Secundaban las firmas estadunidenses en la búsqueda de la riqueza minera; seguidos por Australia, Reino Unido, India, Japón, Corea, Luxemburgo, Perú y Chile.
“En 2011, la Secretaría de Economía indicó que “existen 293 empresas con capital extranjero operando en México, las cuales manejan un portafolio de 808 proyectos en total” (esto, durante el periodo fiscal 2011).
“Del total de empresas con capital extranjero que operan en el país, 213 tienen sus oficinas centrales en Canadá; 45, en Estados Unidos; ocho, en la República Popular China; cinco, en Australia; cuatro, en Inglaterra; al igual que en Japón y Corea del Sur; y dos, en India y Perú. Y una en Luxemburgo, Chile, Italia, Bélgica, España y Holanda, respectivamente, indican las Estadísticas sobre exploración minera, octubre de 2011.”
La cuarta parte del territorio nacional puede quedar desahuciada para toda vida útil, para todo propósito. Y los mexicanos, nos quedaremos con un saco al que se le acabaron los billetes, cuando las mineras se vayan, y la conciencia más vacía y rota que el bolsillo. Eso es lo que los gobiernos municipales, estatales y el federal están promoviendo. Ellos son las primeras “víctimas” del embrujo que hace ver las mina – limosnas como si fueran oro.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s