Extinción

101953_620

Babel

Extinción

Javier Hernández Alpízar

Hace algunas semanas, entre las malas noticias (disculpen el pleonasmo) que abarrotan el muro de las lamentaciones en las redes sociales, pasó con pena y sin gloria el anuncio de que fue declarado extinto el rinoceronte negro. La palabra “extinción” tiene un peso mucho más fuerte que la palabra “muerte”; el peso de la frase que repite el cuervo en el poema melancólico de Edgar Allan Poe: “Nunca más”. Es decir, si la noticia es cierta, significa que no existe manera de que un ejemplar del rinoceronte negro vuelva a vivir y caminar sobre este planeta. Se ha ido para siempre ese animal que parecía un sobreviviente de la prehistoria, una versión compacta de algunos de los grandes mastodontes que convivieron con los hombres que dibujaron las pinturas rupestres y peregrinaron por el mundo poblando los cinco continentes.

Ese animal que nos evocaba a un guerrero con su traje medieval. Ese unicornio que existió en el mundo real, en nuestro planeta, ahora convivirá con nuestras imágenes en la evocación, la imaginación, al lado del unicornio ficticio. Además, las especies de rinocerontes que aún quedan: el blanco, el de Java (¿hay alguno más?) están también amenazadas de extinción. Antes de que la especie fuera declarada extinta, circularon fotos de cómo los cazadores mataban rinocerontes para quitarles el cuerno, al cual atribuyen alguna propiedad curativa supersticiosa.

Informaciones posteriores han aclarado que no se extinguió la especie rinoceronte negro, sino una subespecie del mismo en Camerún; otras versiones aseguran que murió uno de los pocos ejemplares que quedan en cautiverio en Sumatra. Noticias sobre su cacería furtiva siguen apareciendo en los medios. De manera que la especie o se encuentra extinta o está en grave peligro de extinción y su exterminio continúa por motivos como el negocio con su cuerno. “El polvo de asta de rinoceronte es vendido en Asia a un costo promedio de seis mil dólares por cada 100 gramos, un precio más caro que el oro, el petróleo o la cocaína del mercado negro.”[1] Un permiso para cazar un rinoceronte negro de Namibia llegó a venderse en 350 mil dólares, según un blog especializado en la cacería.[2]

Las especies animales y vegetales que se extinguen en nuestros días no se acaban para siempre por un ciclo natural: se extinguen porque los seres humanos, la enfermedad del planeta como Nietzsche, colonizamos el globo llevando por doquier la muerte y la destrucción de la tierra y de la vida.

Ahora están circulando informaciones sobre la amenaza de extinción de las abejas, polinizadoras de cuya labor depende la vida de muchas especies vegetales, incluidas las que nos dan alimento. Si se extinguen las abejas, a causa de pesticidas de empresas como Syngenta y Monsanto, esa situación nos pone a los humanos al borde de la extinción. Los polinizadores como las abejas, abejorros, mariposas, colibríes, murciélagos, incluso moscos, ayudan a reproducirse a miles de especies vegetales permitiendo la vida en el planeta de miles de especies animales que las comen, como la especie humana.

Las abejas no son buenas simplemente porque produzcan miel: son una pieza fundamental en la reproducción de la vida. La vida, simplemente. Los humanos (como especie, con responsabilidad diferente según nuestro lugar en la cadena alimenticia… quise decir la pirámide social) estamos destruyendo todo eso porque alteramos la relación con el resto de las especies al dejar de matar y comer para vivir y comenzar a hacerlo por negocio y para enriquecerse unos pocos. Un estudio serio, crítico, y poco difundido, ha mostrado que el 80 por ciento de las tierras cultivables están en manos de las empresas privadas de la industria alimenticia, pero producen solamente el 20 por ciento de los alimentos para los humanos; en cambio en el 20 por ciento de las tierras cultivables, en manos de los campesinos (proverbial imagen del atraso en el imaginario moderno) se produce aún el 80 por ciento de los alimentos vegetales del mundo.[3]

Dependemos de ese trabajo campesino despreciado, acosado, condenado a la miseria y el estigma del “atraso”, pero también de los polinizadores, porque sin ellos nos extinguiremos, como ha ocurrido o está a punto de ocurrir con el rinoceronte negro y está pasando alarmantemente con las abejas.

De manera que la lucha hoy no es por la Utopía, el asalto al Palacio de Invierno, la toma de la Bastilla, el Asalto al Cielo, el comienzo de la verdadera historia humana o el Reino de Dios en la Tierra: la lucha hoy es porque sobreviva la especie, simplemente. ¿Quién sabe qué será lo más conveniente para el planeta?… pero me imagino que como humanos no nos consuela que nos sobrevivirán algunos insectos, escorpiones, cucarachas… cuando entremos en el etéreo no lugar a donde quizá ya hemos mandado a no existir al rinoceronte negro.

 

[1] Sudáfrica y Mozambique afinan acuerdo para salvar rinocerontes, Prensa Latina, http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=2566311&Itemid=1 Consultado el 14 de abril de 2014.

[2] Subasta en Namibia, Jorge Bernad, http://www.club-caza.com/blog/diariodecaza/postver.asp?p=2728 Consultado el 14 de abril de 2014.

[3] Informe del Grupo ETC ¿Quién nos alimentara? www.etcgroup.org/es/content/%C2%BFqui%C3%A9n-nos-alimentar%C3%A1 Consultado el 27 de Septiembre de 2013.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s