Fascismo a la mexicana

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Babel

Fascismo a la mexicana

Javier Hernández Alpízar

El patriotismo es el último recurso de los canallas. Samuel Johnson

En El tren de la vida (película de Radu Mihaileanu, 1998), para evitar caer en manos de los nazis, una comunidad judía se autodeporta en un tren que ellos improvisan y en el cual viajan custodiados por unos jóvenes judíos disfrazados de oficiales nazis. Un grupo de jóvenes comunistas se pasan el tiempo protestando contra el orden de la caravana y les gritan a los judíos disfrazados de nazis: “¡fascistas!” Mueve a risa cómo el grito de acusación de fascismo se vuelve una farsa, y eso pasa cada vez que se abusa del término y se califica a todo de “fascista”. Si todo lo es, entonces ya nada lo es en serio. Sin embargo, en esa misma película, en uno de los altercados de la comedia, ante el cuestionamiento comunista ateo contra la religión con la pregunta: ¿existe Dios?, uno de los personajes más lúcidos, Shlomo, el loco del pueblo, contesta: La pregunta es ¿existe el hombre?

Esa es la cuestión: después de que el fascismo europeo negó la existencia del hombre, afirmando en lugar de ello una raza aria presuntamente superior a las demás, versión provinciana de pretensiones imperialistas del supremacismo blanco. Volver a preguntar si existe el hombre (el género humano) es clave: las filosofías que niegan la existencia del sujeto y pregonan la muerte del hombre o elaboran una crítica radical al humanismo o al antropocentrismo han puesto el índice en el problema, pero su respuesta antihumanista no nos ayuda a confrontar la pretensión fascista de una raza superior sobre un sujeto débil, un hombre moribundo o una humanidad “caída”.

Quizá la tesis de la Dialéctica del iluminismo sea cierta y el fascismo es la cara oscura del iluminismo, el racionalismo y el progresismo burgués. Pero condenar, so pretexto de ser occidentales, todo valor, derecho y defensa de los seres humanos (de los derechos humanos a las libertades democrático burguesas) en aras de un antihumanismo postmetafísico no nos da un asidero contra el fascismo, por el contrario, deja la pelota y la oportunidad en la cancha de los fanáticos de la solución final.

No podemos olvidar esto en momentos en que, en México, la política de Sedesol retoma una práctica que ya se ha implementado antes ilegalmente, pero ahora se aplica cínicamente mediante los recursos de supuesto combate al hambre y la pobreza: el control natal inducido y forzado de la población indígena; al mismo tiempo que el Instituto Nacional de Migración hace uso xenófobo de la fuerza para secuestrar, extorsionar, maltratar y deportar de manera violenta a una caravana de migrantes que reclaman justicia y respeto a sus derechos.

En los hechos, la maquinaria violenta público- privada del crimen actúa (lo señaló Javier Sicilia) como los escuadrones nazis que sembraron el terror en la Alemania fascista: ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, trata de personas, trabajo esclavo. Ahora las políticas racistas, xenófobas, clasistas y misóginas del Estado mexicano muestran la otra cara, complementaria, del fascismo a la mexicana.

La izquierda mexicana de abajo, la indígena, ha denunciado ese racismo, desprecio y colonialismo interno, política pública que han padecido en carne propia. Racismo hoy muy vivo, por ejemplo en la contrainsurgencia que ataca de nuevo a los zapatistas en La Realidad (usando como esquiroles a grupos campesinos e indígenas cooptados por el gobierno), en momentos en que los indígenas autónomos preparan actividades nacionales e internacionales por la paz y el respeto a sus autonomías. Hoy, este racismo que nunca ha dejado de estar presente (por ejemplo: en el rechazo de los tres poderes de gobierno y los tres partidos más importantes de entonces, PRI, PAN y PRD, a los Acuerdos de San Andrés, negando a los indígenas el carácter de sujetos y dejándolos como objetos de “interés social”) se expresa de manera abierta como política de limpieza étnica de Sedesol (si piensan que exagero imaginen lo que dirían si el condicionamiento de un subsidio público a una baja natalidad se hiciera a familias blancas), junto a una intensa actividad de la violencia público- privada del crimen, en una dinámica de turbocapitalismo, sumado todo ello a las políticas autoritarias y de censura en las que se coordinan gustosamente el gobierno federal, sus tres poderes y los gobiernos estatales de todos los colores partidarios. Sazonado todo con una especie de nuevo corporativismo (en aras de un “Pacto por México”) y hasta el renacer del nacionalismo que castiga severamente la quema de una bandera. En suma, tenemos: autoritarismo, racismo, xenofobia, clasismo, militarismo, nacionalismo y patriotismo. Parece que el huevo de la serpiente (o del dinosaurio) ha dejado salir a un renovado fascismo a la mexicana.

Debemos contestar a ese ánimo fascista con la actitud del boxeador negro que (según cuenta Fernando Savater), tras derrotar en una pelea por el campeonato mundial a un pugilista alemán, contestó así a una insidiosa pregunta del entrevistador: – ¿Está orgulloso usted de su raza esta noche? – Sí, estoy orgulloso de mi raza; la raza humana, desde luego.

Es decir, existen el hombre, la mujer, el género humano. Y no se debe ocultar la fractura esencial de la sociedad mexicana por el conflicto de la lucha de clases poniendo en su lugar un enemigo “interno” o externo mediante el racismo, la xenofobia o algún otro fantasma a modo para el fascismo. El conflicto es contra el capital, no contra alguna etnia o pueblo. La lucha es internacional, mujeres y hombres del mundo por su emancipación del orden burgués, orden del cual es un recurso defensivo el fascismo, como lo fue en Alemania, Italia, Japón, España, Chile, Argentina, Uruguay, Brasil y otras dictaduras del mundo.

Quienes defienden los derechos de migrantes, pueblos indios, mujeres, niñas y niños, de las y los comunicadores y defensores de derechos humanos, están contestando afirmativamente a la pregunta ¿existe el hombre (el género humano)?, dando con ello un mentís a las políticas del Estado, el crimen, empresarios y medios de masas, los cuales quisieran alimentar las tendencias fascistas que desembocan siempre en nuevos genocidios: Después de todo, las naciones americanas están fundadas en el genocidio de la conquista y colonización, así que esa tendencia a destruir a la población de las etnias no privilegiadas parece ser un avatar que regresa, una suerte de deja vu maldito, por ello, la actitud de los indígenas de no organizar solamente su autodefensa sino la de un México y un mundo para todos es, en estos momentos, la propuesta más lúcida, de lo poco decente que le queda a este país envilecido por siglos de colonialismo y de clases opresoras dóciles a la metrópoli en turno.

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