Se levanta el viento, ¿Miyazaki se retira?

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Babel

Se levanta el viento, ¿Miyazaki se retira?

Javier Hernández Alpízar

Si hemos de creer a las notas de prensa que le precedieron, con Se levanta el viento, Hayao Miyazaki se despide de una carrera fabulosa en el cine de animación, una carrera que incluye no solamente su obra como productor, director y guionista, sino que comprende también la creación de estudios Ghibli, empresa que dio origen a excelentes películas también de otros creadores. Y si es verdad que con esta película, recién estrenada en México, se despide el maestro del cine japonés, entonces lo hace con un filme que resume elementos de todos los sueños que compartió con su público desde El castillo de Cagliostro hasta Ponyo en el acantilado y éste que sería su trabajo final.

Es una obra singular, a pesar de los elementos ya conocidos y disfrutados en los trabajos de Miyazaki: un muchacho japonés que sueña con el sueño del director: los artefactos voladores. Miyazaki ha dedicado mucho de su imaginación a heroínas y héroes que vuelan como Nausicaa y Kiki, Porco Rosso, o casi levitan como la princesa de El castillo en el cielo, pero también a artefactos que vuelan, aviones, zepelines, globos, helicópteros, máquinas fabulosas semejantes a embarcaciones marinas que surcan los cielos, como los vistos en Nausicaa, El castillo en el cielo, El castillo vagabundo y seres fantásticos que vuelan como en Mi vecino Totoro y El viaje de Chihiro. Ahora el personaje (esta vez no es una heroína), que podría ser uno de los más íntimos alter ego del realizador japonés, es un ingeniero que sueña y persigue ese sueño: diseñar los mejores aviones. Se encuentra en el plano de la imaginación (¿o el plano astral?), con uno de sus ídolos, Caproni, un ingeniero aeronáutico italiano que, al igual que él, fabrica aviones militares, pero sueña con aviones de paz en tiempos de guerra. Tal vez Miyazaki solamente soñó con hacer las mejores películas, aun dentro del mundo capitalista voraz y predador que le tocó vivir.

El filme trata de la tecnología, los delirios de desarrollo y grandeza imperial, y el ascenso de las potencias del eje nazi- fascista: Japón, que trata de quemar etapas y adelantar los 20 años que les lleva la industria aeronáutica bélica alemana, y un diseñador italiano: en los tres puntos del futuro eje sueñan con volar. No obstante, aún sabiendo que diseñarán máquinas de muerte, los ingenieros se entregan al opio de la neutralidad de la tecnología y solamente sueñan con diseñar los mejores aviones e incluso hacen bromas sobre hacerlos menos pesados quitando las armas que deberán llevar. Según el gurú Caproni, los aviones son buenos sueños y los ingenieros hacen realidad esos sueños. Son hermosos, aunque sus creadores no pueden evitar que sean usados como máquinas de muerte.

La historia del joven ingeniero es marcada por un histórico terremoto en el cual participa salvando libros de los incendios generados por la ruptura de los ductos de gas, una especie de premonición de la tragedia que les acarrearía el final de la guerra, con las bombas atómicas o aún el desastre de los reactores que dan a la energía nuclear un uso pacífico pero dañino. Quizá hay un guiño del animador a Akira Kurosawa en este breve lapso pesadillezco en una obra de sueños más bien pacíficos e incluso románticos. Bueno, además el personaje tiene sueños recurrentes de aviones que se desploman desastrosamente. Por cierto, la musa y amada del ingeniero es un personaje salido de las novelas del siglo XIX, como La dama de las camelias, una bella joven, pálida y moribunda. La despedida de la joven es onírica y está vinculada a Caproni, el gurú ingenieril. El joven ingeniero japonés sacrifica el amor a su entrega al trabajo.

Caproni expresa algunas frases que podrían ser el razonamiento por el que decidiría jubilarse Miyazaki: “me retiro; las personas creativas lo son a lo sumo una década. El mismo principio se aplica para los ingenieros y los artistas.”

Miyazaki retrata el momento de la Belle Époque antes del desastre, pero ya todo se adivina: los ingenieros japoneses persiguen la tecnología alemana y un personaje misterioso, disidente, le dice al joven ingeniero algo que es un secreto a voces y lo saben los demás ingenieros (“contra Rusia, China y aún los Estados Unidos”), Japón irá a la guerra al lado de Alemania. Incluso después de ello, la policía secreta sigue al protagonista, pero su empresa lo ayuda a no ser atrapado, al menos mientras les sea útil.

Es una industria en ascenso, hasta los orgullosos alemanes temen la capacidad japonesa para copiar tecnología (y superarla). El joven vive diseñando aviones muy veloces en tiempos en que se usa aún el tren de vapor y los prototipos japoneses son transportados en carros tirados por bueyes.

Ya antes, en Porco Rosso, Miyasaki había mezclado algunos de esos elementos, con un veterano de guerra que ahora es detective aéreo privado y desprecia al fascismo en ascenso en Italia, además de elementos románticos como en este filme. Pero aquí el amor, tanto el humano como el amor a la tecnología, se sublima. “Se levanta el viento, hay que intentar vivir”, dice con Paul Valery el gurú Caproni.

Sí, debió haber habido romanticismo entre los ingenieros de todos los bandos, los fascistas y sus competidores, y entre los artistas y los pilotos, pero esta obra no puede deja de ser melancólica, como un sueño que ardió en medio de la pesadilla: se levantó no un viento, sino el ventarrón de la guerra (abordada por Miyasaki en diferentes niveles, con pinceladas socialistas, pacifistas y ecologistas, en La princesa Mononoke, El castillo en el aire, Porco Rosso, El castillo vagabundo y aun La colina de las amapolas), pero contra ese viento, y marea, hay que intentar vivir, y si hay que retirarse, hacerlo en plenitud de facultades, como parece decir, por boca de Caproni, Hayao Miyazaki.

La relación entre los sueños de las vanguardias, bélicas, artísticas y tecnológicas, y el sistema del poder parece ser, como dijera Manfredo Tafuri, hablando de gurús italianos: la vanguardia termina siendo el rey Midas. Como quiera, arigato, animador de fabulosos viajes, personajes y sueños.

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