No a la falacia por la evasión del punto

Asumo la responsabilidad por desencapuchar a esos desestabilizadores

Babel

No a la falacia por la evasión del punto

Javier Hernández Alpízar

El hecho de que nos atrevemos a criticar a Carmen Aristegui, y de paso a Elena Poniatowska, ha desencadenado una acción reflejo de quienes las admiran incondicionalmente y consideran que son baluartes de la izquierda. Como cuando aparecen críticas a López Obrador, nos reprochan dejar de criticar a EPN para dedicarnos a criticar a esas dos mujeres. Lo cual además de una falacia es una acusación implícita vieja y rancia: “le hacen el juego a la derecha”. Es falso, porque criticamos a Peña, pero eso no nos impide criticar a Aristegui y a Poniatowska. Además precisamente criticamos a estas dos mujeres porque su papel policiaco, bajo pretexto de periodismo, y su responsabilidad en ser parte de quienes han generado la psicosis colectiva de búsqueda de encapuchados para delatarlos a la policía y a los medios (que en el caso de los medios comerciales ya se ve que tienen generosos vasos comunicantes) beneficia no al movimiento social sino precisamente a Peña Nieto y a Mancera. El punto de nuestra crítica a las dos mujeres poderosas, con capacidad de veto de figuras públicas en sus medios y de linchamiento de sectores del movimiento social indeseables a sus ojos, es una crítica relacionada con nuestro rechazo a las políticas represivas de Peña, de Mancera, de Aguirre, de Osorio Chon, de Narro y figuras cercanas.

Otras defensas de Aristegui nos sugieren dejar de referirnos a ella y concentrarnos en la denuncia de la detención arbitraria. En realidad lo que Sandino Bucio vivió fue una desaparición forzada, la cual se frustró por la rápida denuncia y movilización de los estudiantes, pero fue detenido arbitrariamente (“levantado”), torturado física y psicológicamente y durante horas fue un preso político. El papel de los medios de derecha e izquierda que publicaron sus fotos (muy probablemente filtradas por la policía) encapuchado y participando en un enfrentamiento con la policía fue un papel delator y represor. Aristegui no eligió el camino de denunciar la detención arbitraria y al poder, pasó de ello a juzgar públicamente al entrevistado y la nota de MVS destacó ese juicio mediático violatorio de los derechos humanos. La entrevista que le hizo Aristegui fue policiaca, inquisitorial, le pidió autoinculparse y le pedía delatar a otros. Si alguien del movimiento social pretende ir a una entrevista con esa señora, una de las 50 más poderosas de México, la segunda según Forbes, debe pensarlo dos veces, y si va, ir acompañado de su abogado.

Otra sugerencia es que dejemos de criticarla (todas estas sugerencias nos aconsejan la autocensura: dejen de criticarlas) y mejor pensemos en propuestas. Ahora no solamente nos acusan de hacerle el juego a la derecha (mejor que el que ellas le han hecho, no podríamos) ni de atacar a una periodista profesional (los torturadores también pueden ser muy profesionales ¿y?), sino de no hacer propuestas: pero la crítica es una propuesta también. La falta de propuesta en la izquierda está relacionada con la falta de crítica y con la asunción de dogmas y personas intocables.

Proponemos criticar a las figuras públicas que desde el poder se construyen una figura de izquierda pero usan ese poder mediático para criminalizar a los jóvenes. La confusión semántica entre “encapuchados”, “anarquistas”, “vándalos”, “anarquistas”, cuatro conceptos con significados diferentes, es no solamente resultado del clasismo y el reflejo de cierta izquierda por controlar y subordinar al conjunto del movimiento social, sino resultado de medios como Aristegui Noticias- MVS, La Jornada y Proceso, que han atizado la leña del linchamiento de esos jóvenes.

Precisamente parte de un periodismo profesional debería ser cuidar a las víctimas y no exponerlas a nuevas acusaciones y violencia policial. Hacer un periodismo policiaco es antiprofesional porque es antiético.

Proponemos criticar a las y los periodistas que desde su poder mediático sometan a integrantes del movimiento social a interrogatorios que los obliguen o pretendan inculparlos, delatar a otros o criminalizar el movimiento social.

Resulta muy fácil y cómodo sacrificar a los jóvenes anarquistas, quienes, estemos de acuerdo con sus formas o no, son parte del movimiento social, para defender a mujeres poderosas que pueden incluirnos o no entre los interlocutores válidos de sus medios y del poder. Sin embargo, sus figuras son públicas, como sus aciertos y errores, así que en lugar de invitarnos a la autocensura deberían revisar si lo que decimos de ellas es cierto o falso. Sus conductas y declaraciones son públicas y no las estamos inventando, podemos diferir en cómo las vemos pero lo que señalamos de ellas son hechos suyos, no invenciones nuestras.

No decimos que no se pueda criticar a los anarquistas o a algún sector, el que sea, del movimiento social: pero una cosa es criticarlos y otra delatarlos y jugar el papel de soplones de la policía.

Proponemos no competer falacia por evasión del punto. De esa falacia ha vivido la izquierda lópezobradorista; linchando y calumniando a quienes los critica y acusándolos de ser títeres de la derecha mientras ellos se convirtieron en la mano izquierda del poder represor: Aguirre, Mancera y Abarca solamente como botón de muestra. Si nos cerramos a la crítica seguiremos ese derrotero cuesta abajo de la izquierda institucional y de sus medios comerciales. Eso sí le hace un gran favor a la derecha: fortalece al poder la ausencia de una izquierda verdaderamente crítica y combativa.

No nos inviten a callar ni a autocensurarnos, debatan los hechos y las opiniones, pero no pretendan que callemos ante quienes están fomentando una psicosis contra los jóvenes en el movimiento social. Si pretenden debatir críticamente con ellos o con quien sea, un compromiso implícito sería que ese debate no incluye la delación policiaca. Eso es lo que criticamos y criticaremos a Aristegui, Poniatowska, MVS, La Jornada, Proceso y otros personajes y medios. Si les no les parece que la delación es una conducta propia de la derecha y no de la izquierda y creen que la izquierda también debe hacer cacerías de brujas y linchamientos de quienes no comparten sus ideas dentro del movimiento social… entonces sí debemos preguntarnos si hablamos de lo mismo cuando decimos “izquierda”.

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