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Babel

La resistencia otomí y nosotros

Javier Hernández Alpízar

A la digna resistencia de la comunidad otomí en la Ciudad de México

Lo damos por supuesto: regresar cansados del trabajo, de la escuela, la oficina, la fábrica, la tienda, la calle, la fiesta, regresar a casa. Lujosa o modesta, espaciosa o estrecha, pero siempre un techo que nos guarece de la lluvia o el sol, siempre un espacio que envuelve nuestra intimidad y la aísla de lo público, una serie de habitaciones y servicios que nos permiten comer, leer, platicar, bañarnos, cocinar, jugar, trabajar, intimar, dormir, meditar, feisbuquear… Es más que un refugio: es nuestro mundo, la intimidad y familiaridad de nuestro mundo, un resultado directo de la libertad de habitar, resultado de ser humanos y por tanto habitantes, en suma, un derecho humano elemental: tener un hogar, tener un refugio, tener una casa, una vivienda, un departamento, un lugar donde descansar los huesos, un valor de uso para producir y reproducir nuestra humana vida.

Sin embargo, en estos momentos, despojadas del predio en el que han vivido los últimos 33 años, desde 1985, unas 70 familias otomíes, los adultos y sus hijos e hijas, acampan en la calle. Están sin casa, sin enseres domésticos, sin servicios urbanos, sin los más elementales objetos cotidianos. Fueron desalojadas violentamente por un centenar de golpeadores mercenarios y unos dos centenares de policías metropolitanos (granaderos) armados. Esto ocurrió el 19 de septiembre (así conmemoró el gobierno el aniversario de dos sismos: golpeando damnificados) en Roma 18, colonia Juárez, en la ciudad que se ha autodenominado de la esperanza, pero que se ha convertido en el paraíso de las inmobiliarias, o como las llaman los opositores a la urbanización salvaje: el cártel inmobiliario. A la violencia del grupo de choque vestido de civil y la policía, le ha seguido la ocupación por la policía bancaria e industrial armada con ametralladoras. Los grandes empresarios suelen ser los grandes invasores y despojadores de bienes comunes: la acumulación originaria del capital como fenómeno recurrente, como ahora la amenaza de colonización comercial de la Lacandona por Alfonso Romo, que está explicando in extenso Carlos Fazio.

En México, las leyes protegen la posesión, y la posesión pacífica del predio por la comunidad otomí no tenía 5 ni 10 años, tenía 33 años: pero en esta ciudad de México y este país no se respeta la ley: los que dicen ser dueños, según información de Excélsior, la inmobiliaria Eduardo SA de CV, dicen haber comprado el predio al gobierno español (antes habría estado ahí la embajada de la República Española antifranquista en resistencia) en 1994, esto es, cuando la comunidad tenía la posesión ya por 9 años. Y vienen a hacer el desalojo violento décadas después.

Los gobiernos de la ciudad, el de Mancera, hoy el de Amieva, han sido y son fieles servidores de las inmobiliarias, y así también los delegacionales, la delegación Cuauhtémoc, antes a cargo de Ricardo Monreal, quien apenas pasado el sismo del 19 de septiembre del año pasado, cuando los otomíes pusieron un campamento en la calle junto al predio por temor a daños en las viviendas, ya solicitaba desalojarlos: es la eufemísticamente llamada “gentrificación” (en el periodo de Monreal desalojaron violentamente a los okupas de Chanti Ollin), en términos reales, despojo y desplazamiento forzado de población urbana, en este caso de indígenas. Y la criminalización, Monreal los acusó calumniosamente de delitos no probados. Los otomíes básicamente viven del comercio callejero.

La agresión policiaca y parapoliciaca ocurre en el interregno, el aparente vacío, el limbo que se crea entre un gobierno que sale y uno que viene apenas gestando la transición de mando: salen a relucir los poderes fácticos: los porros que golpearon estudiantes en Ciudad Universitaria, en las narices del rector y con apoyo de la “seguridad” de la UNAM; el ataque paramilitar armado a las comunidades de Acuexcomac, que se oponen al Aeropuerto en Texcoco y a la devastación ambiental que está ocasionando su imposición; la detención de dos defensores del agua en Aztecas 215, arbitrariamente despojados de su libertad por ir a denunciar que la inmobiliaria Quiero Casa, además de desperdiciar miles de litros de agua de un manantial, ahora invade con rampas la vía pública. Los gobiernos cambian, los poderes fácticos permanecen: son los capitales voraces de la urbanización salvaje, del desarrollo capitalista depredador de la naturaleza y agresor de las comunidades: Inmobiliaria Eduardo SA de CV, Quiero Casa, B Grand…

Y para colmo de males, el racismo de los medios mercenarios (incluso Aristegui Noticias y La Jornada, poniéndose a la altura de Excélsior), que se regodean en la narrativa oficial defensora de la policía y de los empresarios rapaces y también una narrativa criminalizante y racista contra los otomíes y en general contra quienes resisten y se defienden. A esto sumemos el racismo de vecinos de la colonia Juárez que no desean la presencia “extraña” de indígenas en un barrio mestizo que se percibe como criollo o blanco. Y la irresponsabilidad de los trolls en las redes digitales, tuiteros y feisbuqueros que expresan opiniones racistas y protofascistas contra los otomíes o contra todo lo diferente y “exótico”. Apenas un par de días después del desalojo violento de la comunidad otomí, la policía atacó a comerciantes en Portales: comienzan los forcejeos por el control corporativo del comercio popular callejero, siempre un botín de partidos políticos en el gobierno.

Y poco se puede esperar de un cambio que consiste en más de lo mismo: los megaproyectos depredadores del país, de la nación, antes llamados con nombres como Tratado McLane-Ocampo, Plan Puebla Panamá, Corredor Biológico Mesoamericano… y hoy llamados: Zonas Económicas Especiales, Corredor Salina Cruz- Coatzacoalcos, colonización y explotación comercial de la Selva Lacandona, Tren Maya (ecocidio de Calakmul), Nuevo Aeropuerto, carreteras, extractivismo petrolero, minero y fracking, parques eólicos, presas y represas y más urbanización salvaje: torres de densificación irracional de la población y sobrexplotación de servicios, como la de B Grand, a la que la UNAM no le opuso recursos legales suficientes. Y la gobernante electa de la Ciudad de México, quien está ofreciendo a los megaempresarios, los ciudadanos como menores de edad: “que adopten una colonia”.

Es el momento de apoyar cada una de las luchas, todas y cada una. Seguir esperando una salvación desde la misma clase política que lleva décadas imponiendo este modelo que nos lleva a la barbarie es simplemente suicida.

Así como los otomíes ahora están ante las ruinas de su humilde mundo doméstico, destruido por la violencia del despojo, en breve el planeta puede ser también ese mundo roto, y nuestra herencia, una red de agujeros, como dijo el cronista azteca derrotado por los conquistadores.

La pequeña diferencia es la resistencia: los otomíes residentes en la ciudad de México son integrantes del Congreso Nacional Indígena y tienen sus concejales, concejal y concejala, en el Concejo Indígena de Gobierno. Los otomíes tuvieron su mesa de firmas de apoyo a Marichuy en la Zona Rosa, en donde trabajan vendiendo dulces en las calles, y han participado en las marchas de apoyo a Ayotzinapa o a los estudiantes agredidos por los porros. Ya el CNI- CIG condenó la represión contra ellos[1], y además de la Coordinación Metropolitana Anticapitalista y Antipatriarcal con el CIG, otras redes de apoyo a CIG y resistencias y rebeldías seguirán mostrando su apoyo a la resistencia otomí y a otras que, en el fondo, al hacer frente al capitalismo salvaje, nos están defendiendo a todos.[2]

 

[1] Comunicado del CNI CIG: https://www.congresonacionalindigena.org/2018/09/20/comunicado-del-cni-cig-ante-la-represion-a-la-comunidad-otomi-radicada-en-la-cdmx/ Versión en inglés: https://zapateando.wordpress.com/2018/09/21/marichuy-cig-cni-ezln-the-national-indigenous-congress-and-the-indigenous-government-council-repudiate-the-coward-violent-attacks-that-were-carried-out-against-our-male-and-female-comrades-of-the/

[2] Denuncia y relatoría de hechos: https://zapateando.wordpress.com/2018/09/19/denuncia-la-comunidad-otomi-el-violento-despojo-del-predio-roma-18-relatoria-de-los-hechos/

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